Proponemos un paseo por Almería y su provincia, para descubrir todo lo auténtico que ha dejado huella. Para ello mostramos un relato de cómo era un año en los cincuenta que nos pueda hacer una idea de las características de una vida no tan lejana, que ha dejado su sello impregnado en tantos y tantos municipos de la provincia de ALMERÍA, como era labor de sus gentes, su gastronomía, sus fiestas….
Autor: Angel Martínez Martínez
En una fría mañana del mes de enero, antes que la luz del día envuelva las calles del pueblo un murmullo incesante se apodera de estas, el crujir de las puertas, adivina el comienzo de una jornada de labor. Los animales ya arriados, están prestos para comenzar, las pisadas de los burros y mulos en las calles empedradas marcan el ritmo como si de un instrumento musical se tratara, aún queda tiempo para conversar mientras se anda el camino., camino al parral, por caminos escarpados, hasta llegar a la finca, a la vega, a vista de pájaro, bancales a modo de escalera, que bien podría significar un patrimonio histórico por la paciencia, esfuerzo y vistosidad…
Ya comienzan las tareas, el clik de las tijeras de podar marca el son del día, preparando los parrales para la cosecha que tiene que llegar, al mismo tiempo mujeres, hombres y niños, recogen los sarmientos que van dejando el rastro de la poda, y desde lejos se pueden ver focos de luz, que son las hogueras, lumbres encendidas para dar fe como de un ritual se tratara, a los sarmientos sobrantes, un olor a leña quemada junto con la sensación de aire puro y fresco que se respira en la alpujarra, que bien podría ser cualquier entorno rural..Después se da paso al amarre de sarmientos con esparto, previamente recogida de las lastoneras o esparteras.
Acabada la poda y con la primavera llamando a las puertas, cuando la tierra está en su plenitud, comienza el TAPERAL, el arado y labor de la tierra, dándole vida y aportando oxigeno para que esta sea más fértil y contribuya a una buena cosecha “ de uva, almendra y aceituna.…. Siempre en la vida rural los animales han tenido un papel importante pero en esta tarea es primordial, el arado de la tierra se hace con las bestias, de ahí el tributo que hay que rendirles..
La vida de agricultor y su familia en los años cincuenta era dura y aguerrida, pero también había momentos para la diversión, allá por el mes de febrero el carnaval impregna un ambiente lúdico, donde la crítica se hace a ritmo de canción, adornados por trajes que a diferencia de ahora todos eran confecciones de forma artesanal.
El carnaval tenía lugar el domingo, lunes y martes, que era cuando las comparsas salían por el pueblo cantando y llenando de alegría este, la gente salía de sus casas y seguía a las comparsas por todo el pueblo, de casa en casa, recibiendo invitaciones, escuchando las alegorías y felicitándoles con un caluroso aplauso.
Al llegar la primavera, el campo se viste de blanco por la flor de los almendros y las yemas brotan de los tallos verdes, dando a entender que la parra empieza a resurgir de su letargo invernal.
En el pueblo huele a incienso, a semana santa, tiempo de recogimiento y tradición cristiana, comienza el domingo de ramos, donde se procesiona con las ramas de palma y olivo, dejando la siguiente procesión hasta el jueves santo, panecillos y los buñuelos son la base de la receta de estas fechas, donde también había otras tradiciones como el tiro al pollo.
Los juegos en los pueblos, eran en la calle, participativos, un ejemplo, durante el mes de de abril en Ohanes, era habitual ver a los niños con un palo y una cuerda jugando al toro, imitando a los mayores como lo hacían en las fiestas de San Marcos, el 25 de Abril.
Pasadas las fiestas, los hombres y mujeres de Ohanes siguen con su vida diaria cuidando sus tierras, sus animales y sus casas. En el campo los tallos dan paso a la muestra o racimos pequeños que nos dicen si la cosecha se presenta buena o mala. Los parraleros arman el riego para que al regar las fincas el agua llegue a cada planta, un riego a manta por acequias construidas con paciencia, riego este heredado de los musulmanes. .
La parra sigue su ritmo, durante el mes de junio se poliniza mediante el azahar, también es conocido como dar castizo, consiste en coger la flor de esta parra tipo azahar y hacer manojos para después colocarlos en una caña e ir racimo por racimo dándole una especie de masajes a os racimos incipientes, para que cuajen.
Siguiendo la vida en Ohanes como muestra de cualquier otro pueblecito rural, llega San Juan fiesta del agua, los niños y los no tan niños la noche de San Juan se dedican a echarse agua uno a otros. El día de San Juan se hace una excursión a algún lugar del pueblo y una vez allí se disfruta de un día de convivencia y diversión, esta misma acción también se hace en San Pedro y Santiago fortaleciendo aun más los lazos entre vecinos y olvidándose un poco del trabajo duro del campo.
El calor del verano ha llegado, y para saciar el calor, a la hora de la siesta los niños se van a las balsas a bañarse. En contrapunto con la actualidad, las vegas, el campo estaba lleno de vida, risas y alegría de los niños encantados con bañarse en la balsa…
Llega agosto y con él las fiestas pero nunca el descanso, pues la vida rural no sabe de vacaciones, la romería de tices el 14/15 de agosto, la fiesta mayor en septiembre y mientras tanto los parrales se tornan mas verdes que nunca como queriendo decir que la cosecha esta próxima y las uvas siguen engordando y dando un aspecto a los parrales como si de una feria se tratase siendo estos los farolillos que cuelgan. Los racimos se muestran apiñados unos a otros tomando un color rubio que encanta y enamora, fruto del esfuerzo incansable de esos hombres ingeniosos hidalgos del campo. .
A finales de septiembre, de nuevo la vorágine vuelve al campo, familias enteras, aúnan esfuerzos para la recogida de la uva, lo que se conoce como hacer la FAENA.
Las bestias cargadas con las exportaderas, los barriles, las sillas, el cesto del avío y sobre todo un sentimiento común entre todos los hombres y mujeres que es la esperanza de que este año fuese bueno.
La faena se hacía debajo del parral, en los porches de los cortijos Cuando pasaban las primeras horas de la mañana los cortadores comenzaban a cortar los racimos de las parras, una vez calmado el rocío, las mujeres, se sentaban una tras otra en sillas dando una vista peculiar en el parral, una vez que la uva llegaba, estas con unas tijeras de punta redonda y pequeñas limpiaban las uvas podridas y las apedreadas dejando el racimo limpio y bonito a la vista. Posteriormente se transportaban con las bestias por los caminos empinados y escarpados de Ohanes y otros pueblos, con 4 o 6 barriles al lomo hasta el pueblo, don le esperaban los camiones para cargarlos y llevárselos al puerto de Almería donde embarcaban para Inglaterra, Estados Unidos, Rusia, …
El sobrante de las uvas se llamaba granuja, se vendía a menor precio, para hacer vino y los parraleros que no las vendían, en prensas del pueblo o incluso en los jaraíz que habían en muchas casas las pisaban y hacían el zurrache que es un vino de baja graduación y de un sabor peculiar acompañando así la uva al agricultor todo el año en sus labores para con las parras y en las fiestas.
También se cogían racimos de uvas y se ataban con esparto para después colgarlos en una caña para comerla más tarde fundamentalmente, hacer pasas y para comerse las uvas de noche vieja, que aún se sigue haciendo en algunos lugares.
Más tarde llegaría la recolección de la almendra y posteriormente la aceituna, y todo se reduce a la constancia, un día tras otro, con la ilusión como combustible…reflexionar y revisar como era la vida hace no tantos años, seguro nos hará encontrar un punto de apoyo para entender mejor, lo que somos, donde estamos y como hemos llegado….
Un paseo por Almería y su provincia, para descubrir todo lo auténtico que ha dejado huella.
Autor:
Angel Martinez Martinez



